el libro de los libros

Le habían quitado cualquier cosa que pudiese utilizar para escribir, con el fin de “curarle” de su monomanía: el libro. Sin embargo cada una de las frases que había encontrado hasta ahora, contenidas en otros libros, quemaba en su mente, perfectamente ordenadas hasta componer las 3.223 páginas descubiertas de las 10.000 que el libro en su totalidad contenía.

Recuerda bien cuando encontró, por accidente, la primera página: una descripción de cómo encontrar el resto de páginas esparcidas para al fin poder juntar el libro. No sabe quién había llevado a cabo tal proeza: esconder el libro tan a la vista, y a la vez tan bien escondido. A veces duda que sea un logro al alcance de un simple humano. Sólo sabe que una vez que hubo leído la primera página ya no pudo dejar de buscar, lo quisiera o no.

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Sueños rotos

Mis sueños rotos son míos.

Déjalos así como están, esparcidos por el suelo.

Me duele cuando tu los nombras;

me duele cuando intentas arreglarlos

cogiendo los fragmentos quebradizos

que he ido dejando deperdigados,

cada uno en su lugar en la casa, en mi memoria.

Déjalos así como están, esparcidos por el suelo.

Porque son sueños rotos, y son míos.

Imagina un pez.

Imagina un pez en las profundidades abisales del océano. Este pez jamás ha recibido la luz del sol. Al no recibir nunca luz, desarrolla unas pequeñas células que emiten luz propia. También emiten calor. Son como pequeños soles en miniatura. Alrededor de estos soles en miniatura comienzan a girar planetas.

De entre los miles de peces de la misma especie, con sus pequeños universos  contenidos en sus pieles, justamente en nuestro pez aparece un planeta habitable. Se da la vida. La vida evoluciona y surge la humanidad-pez. Qué más da como sean. Piensan, son conscientes de si mismos: su existencia, su mortalidad, su misticismo, su insignificancia…

Uno de esos pequeños seres llora, ríe, canta, baila y crea dioses. A veces se abruma ante su propia insignificancia, ante lo breve de su existencia, lo breve de la existencia de toda su raza, apenas unos instantes antes de que desaparezca su mundo, y luego el pez y luego el mismo océano que contiene el pez… Aunque el ser ni si quiera imagina al pez. Otras veces cree que es imortal. Se engaña para soportar la existencia, la injusticia, las reglas crueles e inevitables de la naturaleza. Se pregunta si está solo o si hay otros mundos en su universo, si hay otros universos, si hay un dios y un más allá.

Ese ser infinitesimal, en ese minúsculo mundo, alrededor de esa célula luminosa, en ese universo, en la piel del pez hila hermosas palabra: las más hermosas que jamás han existido.

¿A quién le importa sino al que está sentado junto a él?

Conhall (parte cuatro)

Partí enseguida a visitar a mi familia. Lo hice de incógnito, para ahorrarme muchos mareos. Cuando llegué nadie me esperaba. Mi familia se alegró mucho de verme. Varios de mis hermanos se habían casado y tenía nuevos sobrinos. Mi madre tenía la salud delicada. Se había convertido en una anciana frágil tras su último parto.  Mi padre seguía siendo un toro, pero tenía la mirada cansada. Estaba enseñando el oficio a los gemelos. Pensaba retirarse pronto.Por supuesto la noticia había llegado hasta ellos. Estaban muy orgullosos mí. Durante los días de mi estancia comprobé que, excepto mis padres, todos me miraban diferente, con admiración y extrañeza a la vez, como si fuese un desconocido, un fenómeno. No sabían como comportarse ante mí.

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Perfección (cuatro)

Invierno, tras la segunda operación.

Gela despierta especialmente lúcida. Sabe que aún debe esperar otro día sin moverse. Pero siente tanta impaciencia que intenta bajar la vista e intuir el cuerpo bajo la sábana. Como respuesta al movimiento la máquina a la que está enchufada emite un zumbido. Gela siente el sedante corriendo por sus venas. El sopor la inunda. El día transcurre entre vapores anestésicos.

Cuando la anestesia se disipa la enferma revolotea a su alrededor. Es otra diferente. Hay tantas que es incapaz de recordar el nombre de ninguna. Le inyecta la primera solución por la vía, de color azul, luego la segunda de color naranja brillante y la anima a levantarse. Se levanta prudentemente, pero sabe que no habrá dolor. Se desentumece rápidamente, sin pasos de ballet. La enfermera le prepara la dosis de medicamentos, espera a que se los tome, sonríe mecánicamente mientras repite las frases: Tómeselo con calma, Le recomiendo poner al día a su grupo, Ya sabe que dispone de ropa en el vestidor. Gela sonríe automáticamente con una sonrisa que debería verse falsa y forzada, sin embargo parece encantadora, dulce y sincera. La enfermera no se deja deslumbrar en absoluto. Le recomiendo el vestido verde. Dice con amabilidad y tono confidente junto a la puerta de salida. Luego se retira.

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Perfección (tres)

Otoño, tras la primera operación.

Gela ha pasado dos días sedada y uno más despierta pero sin moverse en la cama. 70 horas de reposo absoluto. Su primera operación del programa. Le han explicado el proceso completo varias veces, pero nunca logra recordar todo lo que iban a sustituir, remodelar o injertar. La enfermera inyecta una solución por la vía que tiene en la cara interior de la muñeca. Luego otra. Finalmente quita la boquilla de la vía. Mientras duren las operaciones mantendrá esa vía. Según el doctor es otra maravilla médico-tecnológica: No debe ser sustituida en meses y que queda discretamente disimulada cuando se retira la boquilla exterior. La enfermera la anima a levantarse y caminar. Se mueve con miedo, intuye el dolor que debería sentir. Pero no siente dolor, ni si quiera incomodidad. Se siente realmente bien. Se levanta. Se siente llena de energía, vigorosa… ¡Se siente joven! Flexiona los brazos, luego las rodillas. Da unos pasos, que acaba transformando en graciosos pasos de ballet a medida que camina. Siempre le ha gustado el ballet. La enfermera ríe.

- Tómeselo con calma. Al principio se recomienda un esfuerzo moderado. Como tarea aconsejable le sugiero asistir a su grupo y ponerlos al día.

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Perfección (dos)

Unos meses después:

- Francis no lo comprendo. Pero si yo me encuentro perfectamente, ¿para qué todo esto? Si sólo accedieran a retocarme un poco más, las cuatro cosillas que te he mencionado, ya estaría satisfecha.

El doctor odia que los pacientes lo tuteen, y más aún que lo llamen por su diminutivo. Gela le habla con más intimidad de lo que lo hace su esposa. Pero sabe que es parte del trabajo. Los clientes se sienten mucho mejor si conocen el nombre de pila del doctor, su número de extensión, el número de su busca, si le gusta jugar al golf o tomar tal combinado… todos los detalles de su vida que consideren oportunos. Es parte del juego. Su vida privada es en realidad un teatro público para los clientes. Se sienten mucho más a gusto y tienen menos inconvenientes a la hora de pagar las abultadas facturas. Suerte que de su verdadero mundo privado, de sus secretos, no conocen nada.

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Perfección (uno)

*Créditos de la imagen clicando.

El despacho del doctor está lleno de espejos, las paredes mismas son espejos del suelo al techo. Allí dónde no hay espejo las superficies son brillantes, reflectantes y estériles. La superficie reflectante sólo se ve interrumpida por unos cuadros minimalistas que consisten en llamativos letreros que interrogan a los ocupantes de la habitación:

- ¿No quiere usted vivir completamente sano? Erradique la enfermedad de su vida. Contrate nuestro servicio integral de salud preventiva, cure la enfermedad aún antes de padecerla.

Otros carteles apelan al ego:

- ¿No le gustaría ser armónicamente hermoso? Su cuerpo podría ser perfecto. Contrate nuestro servicio completo, mejore todo su cuerpo, tantas veces como lo necesite con una única tarifa.

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